21.9.09

Puertas de Rostro



"Puertas de Rostro"

Lugar: Capilla Villa Huanta









Esta lúgubre manía de vivir,
Esta recóndita humorada de vivir,
Te arrastra, Aldo, no lo niegues.

Hoy te miraste en el espejo,
Y te viste triste, estabas solo.
La luz rugía, el aire enfriaba,
Y la soledad te miraba de reojo.

Quizá enviaras mensajes,
Quizá sonreirás de vez en cuando,
Pero siempre taparas tu boca
Con ambas manos,
para evitar hablar de tus muertos.

Oirás a lo lejos el bullicio de la gente,
De donde nacen las risas,
Y recordaras aquellos abrazos del fantasma,
Que te despertaba por las noches.

Pero nada de angustias, Aldo.
Aprendiste a reír en el pañuelo,
Y a llorar a carcajadas,
A cerrar las puertas de tu rostro,
Para que cuando te vean,
No sepan quién eres.





aldobendezú

14.9.09

Hojarasca


"Hojarasca"
Lugar: Pampalca - Huanta
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Cuando Madeleine empezó a reír, no se percato precisamente en el rostro contrariado de Esteban. Solo escapó la vista a un punto hueco de la vereda, quizá a una pequeña mancha, o en alguna imperceptible sombra. Su risa era vulgar, tan vulgar como el sonido insoportable de los vendedores de la calle o peor aún, como el grito histérico de una niña engreída sin remedio. Esteban se mantenía inmutable, abúlico, sereno, hasta el punto de ni siquiera intentar hacer algún gesto desaprobatorio. Lo que había escuchado segundos antes de aquella patética risa, le ensombreció el corazón entendiéndolo como la cosa más triste del mundo, y quizá le resultaría muy difícil poder asimilarlo al principio. Sin embargo, se tomo la frente, la miro a los ojos, respiro hondo y se puso a caminar. No volvería a ver a Madeleine nunca más.

Esteban conoció a Madeleine un viernes por la noche, entre giros de vasos repletos de vodka y cigarros consumados hasta el desespero, aquello que llaman azar y que suele entrometerse sin permiso, como una especie de ruleta del destino jugado con descuido, lo que a su vez provocó el desorden en la conjugación de lo que él conocía como universo y en el movimiento circulatorio normal de las cosas, y aunque recordaba exactamente cuándo y cómo, siempre creyó que eso no importaba tanto, quizá porque entendía que fue una de esas noches en que lo imaginario se disfrazó instintivamente de lo real, atiborrando todas las sensaciones complejas creíblemente existentes en una sola noche, aquello solían llamar amor.

Durante mucho tiempo, Esteban consagro su vida al simple hecho de llenar otra vida, resolviendo problemas ficticios, preocupándose en mezquinos lamentos, idealizando todo aquello que suele ser incongruente. Hasta ese entonces, no se preocupo en la satírica repercusión que podría tener el descontrol de su accionar. Nada habría de importar tampoco. Parecería difícil entender este tipo de comportamiento, tan inverosímil, como una hojarasca de malos hábitos, como un compendio de soslayados errores.

Los viernes son días tan complejos y más aun, para tomar decisiones tan significativas, caviló mentalmente Esteban, mientras abrazaba a Madeleine y esperaban juntos el carro de vuelta a casa, a la salida del cine. La película resulto un fiasco y el desanimo al terminar de verla hizo que el silencio se instalara durante todo el trayecto hasta el paradero, pero ni esto disminuía sus ganas por decir lo que sentía. Nunca estuvo tan determinado y más aun de algo que venía dándole vueltas a la cabeza durante tanto tiempo. No se percato en la tartamudez de su voz, ni en el repentino sudor de sus manos, ni en el acelerado ritmo de sus latidos, ni en lo inapropiado del lugar. Debía decirlo ahora. Y así lo hizo. Al terminar, Madeleine se empezó a reír.
aldobendezú

3.9.09

Aquella cuenta regresiva


"Aquella cuenta regresiva"

Lugar: Camino antiguo - Luricocha.















Mientras estuvo sonando el teléfono, el tiempo parecía que se hubiese detenido, los segundos no pasaban y hasta pude tener la histérica sensación de que el mundo habría dejado de girar en aquel desesperado momento. Al otro lado de la línea, papá levanto la bocina, aun semidormido con su característico aire despreocupado, aquel que contagia sosiego y que calma cualquier intento de consternación inusitada. En lo exabrupto de la escena, lo único que me importaba era escuchar su voz una vez más, y cargar en un suspiro la tranquilidad de que estuviese ahí, aunque él nunca entiendese por qué.

Es difícil comprender todos los pensamientos que a uno le inundan cuando de la nada, recibe una llamada y se entera de la peor noticia de todas. Aquella que te deja sin habla y no sabes que contestar. Quizá cualquiera en su afán de querer encontrarle un motivo, una razón suficiente para entenderlo, originaria, muy al contrario, la peor confusión que un hijo pueda advertir, aquella que paraliza el corazón y llena de estupor todos los sentidos. Y nunca se sabrá qué hacer cuando en el día menos pensado, llaman para decirte que tu padre ya no está, que ha muerto.

Entre tanto que limpiaba mis zapatos y sacaba la casaca negra de cuero del closet, aquella que hacía mucho tiempo que no usaba, pensaba en las incontables veces en que reté a mi padre por cuestiones que ahora me parecían insólitas, hasta el punto de ser estúpidas. Me preguntaba por qué los hijos debíamos de entender de la manera más difícil o comprender de la forma más complicada, aquello que llamamos vida, pero que sin darnos cuenta, somos guiados silenciosamente por estrellas cómplices en las noches más oscuras. Aquellas estrellas que te vieron nacer y que te trajeron a este mundo para que rías y llores todo lo necesario para poder aprender.
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Recogí las llaves de mi cuarto y me puse los lentes, mientras respiraba pesado y sentía que algo me apretaba el pecho. Ya, afuera, en la calle, aceleré un poco el paso, impulsado por una suerte de cuenta regresiva imaginaria que calculaba a cada bruñado de vereda que dejaba. Debía de llegar a la casa de Marco, y faltaba poco para la media noche. Debía de darle un gran abrazo y decirle que esas cosas pasan, que el mundo es así, debia de decirle que Dios nos pone estas pruebas, que debe ser fuerte, que la vida nunca es como la planeamos por más que nos esforcemos, que aunque su padre haya muerto, debe recordar que fue un buen hombre y jamás olvidarlo. Pero mientras pensaba en todas estas cosas, sentía que mis ojos se inundaban y que mi voz desaparecía. Decidi de momento, buscar el telefono mas cercano, y no pense en otra opción que ir al parque. Para cuando llegué, me sujete tan fuerte como pude, levante la cabeza al cielo y respire hondo, y a medida que marcaba uno a uno los números de casa, deseé enormemente decirle a mi padre, aun en vida, cuanto lo quiero.


aldobendezú

12.6.09

Carta a Patricia


"Carta a Patricia"
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Lugar: Barranco - Lima
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Querida Patricia:

Han pasado algunos días desde que te vi por última vez, y puedes llamarme orate, o tal vez tonto, pero fue exactamente en el momento en que nos despedimos aquella noche y te perdiste formando una sombra en la acera, complementándose la escena, con el silencio de la calle, el color ámbar del farol que se perdía en el cielo, el frio en mis manos, el ruido de mis zapatos, y no sé, tantas cosas; que fue ahí cuando sentí, después de mucho tiempo, eso que se llama soledad. Desde entonces, he tenido la necesidad de redefinir, a estas alturas de mi vida, lo que es la soledad, en la medida de lo posible. La soledad, mi querida Patricia, se podría explicar de muchas maneras, que pasaría toda la noche escribiéndote, y llenando tantas palabras como hojas, y aun así, sé que sería en vano, porque no sabría explicar lo que justamente quiero decir, pero supongo que haré el intento.
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Ayer, durante la cena, mientras esperaba que el café se enfríe en la mesa, me puse a revisar los papeles que tenia dentro del maletín azul; el que llevo de vez en cuando, porque me suele pasar que no recuerdo nunca, el contenido real del mismo, llegando al colmo de que puedan transcurrir días, o quizá hasta semanas, cargando documentos que en su momento fueron muy urgentes, y a los que ya los había dado por desaparecidos, y que pasado un tiempo más tarde, me daba con la sorpresa de que los había llevado siempre conmigo. De estas situaciones absurdas es que suelo reírme sin remedio, tú lo sabes, además, que mas me quedaría, es por eso que nunca dejaré de sorprenderme hasta qué grado insospechado, podría ser yo, una persona tan distraída. Entonces, mientras exploraba en el maletín, encontré, junto a unos informes, algunas valorizaciones y unos cuantos caramelos, un libro de Bryce, de tapa blanca y de pocas hojas, que no hacía mucho, había terminado de leer. Fue cuando recordé inmediatamente una frase que leí en sus primeras páginas, y que para mi sorpresa, no había olvidado marcarla doblándola en la esquina superior derecha de la hoja, como solía hacerlo. La frase dice: “La soledad, es una manera incompleta y única de estar en el mundo. Es cuando tenemos la convicción de que hay una persona que existe, y constatamos que esa misma persona nos hace falta”.

“(…) Es posible que me hubiera aniquilado de la tristeza, si no me reanimase la facilidad para redescubrir la parte cómica de las cosas”, o “la parte buena de las cosas”, reza otra frase que leí hace algún tiempo, en un poemario de Sabines, y que cada ciertos días, me lo repito a mí mismo. La soledad, Patricia, no se debe entender como un estado de depresión, y eso lo sé yo, más que nadie. Entonces no podría decirse que estoy deprimido, aunque hace algún tiempo, haya sido el estado normal de mi ánimo. Pero en fin, no es depresión, Patricia, mas bien, podría decirse que es como una cierta dificultad de ser, nada más, de ser lo que soy, porque se sufre la dolorosa experiencia de una ausencia, de una ausencia que pensé no volver a sentir jamás, y que desde ese día en que tu imagen desaparecía en la esquina, al ritmo lento de tu caminar, se ha ido acrecentando de una manera aterradoramente hermosa.

Pronto será pasada la medianoche, y acá todo es silencio. Estas calles podrían prestarse para el relato más triste de Sábato, o la canción mas melancólica de Silvio, y a pesar de eso, camino por en medio de ellas, como si probara, a cada paso que doy, que la poca cordura que tengo, aun sigue vigente; apoyándome de vez en cuando, en sus paredes de barro seco, o sentándome, cuando el cansancio lo amerita, en sus veredas asimétricas, o en las bancas enfermas de sus parques solitarios. Si tengo suerte, es posible que la lluvia me despierte del letargo en el que me encuentro y me regale uno de esos abrazos que empapan la ropa y estropean los zapatos. Pero no siempre es así, y no queda más remedio que levantarse, llegar al cuarto, cerrar los ojos y esperar que el día termine de apretar el metafísico gatillo. Y es triste, en verdad, es triste. Pero de un tiempo a esta parte, Patricia, e inexplicablemente, ya no es así. Quizá porque antes de acostarme, se dibuja en mi rostro una insólita e indolora sonrisa, y mis ojos se clausuran llevándose consigo la imagen del papel fotográfico colgado de la pared, que en su mixtura de colores, lleva grabada los rasgos de tu sonrisa, y que a su vez me transporta, casi automáticamente, al instante mismo en que te vi por última vez.

He pasado la noche escribiéndote, y no sé si he llegado a cumplir la difícil misión de hacerme entender, que desde ya debes saber, es una tarea de lo más complicada para mí. Entonces, puedo decir, mi querida Patricia, que a partir de ahora, y aunque soy conciente de lo trillado que puede sonar, la soledad, consistirá en contar los días en que he de esperar, para poder volverte a ver.

Gabriel.
aldobendezú

24.4.09

Muchos...muchos años



"Muchos... muchos años"

Lugar: Parque de Luricocha - Huanta

Gabriel miró el reloj por quinta vez, tal vez demasiado inquieto, porque aquella llamada que tanto esperaba, no llegaba. La impaciencia suele ser una enemiga feroz, cuando más se lo propone, pensó. Sin darse cuenta, las piernas le temblaban, y esa maldita manía de rascarse la ceja que no dejaba nunca. Mientras ordenaba algunos papeles sobre el escritorio, y revisaba algunos documentos que había dejado un día antes, se le venía a la cabeza aquella imagen del mantel rojo, sobre el que apoyó la frente, mientras ella se tapaba el rostro para evitar dejar ver su sonrisa, por una bobería que él dijo. Solía decir muchas boberías cuando estaba nervioso, y más aun cuando la tenía a ella en frente después de tantos años.


Patricia debía de terminar aquella lectura para el día siguiente - los viernes son tan pesados -, se quejó, mas aun cuando sabia que quizá podría haber un examen imprevisto, estudiar abogacía en estos tiempos, tenía sus sacrificios; pero sus ojos se escapaban hacia el teléfono que tenia a un lado de la cama. Tenía la necesidad imperativa de hacer una llamada, y escuchar aquella voz que en estos últimos días, le solía alegrar el alma. Y por un momento, cerró los parpados y recordó la cara de espanto de él, cuando recién llegaba al parque, donde habían quedado en encontrarse, y sus manos lo abrazaron sin que él se diera cuenta, con tal fuerza que esperaba dejar la marca de sus brazos en su espalda, y más aun cuando lo tenía en frente después de tanto años.


Gabriel se levantó de su asiento, y giró para ver a través de la ventana de su oficina que tenia a sus espaldas. Le gustaba ver a la gente caminando, con sus gestos y pensando en los tantos problemas cotidianos por los que pasaban. En el cielo no había ninguna estrella, lo que indicaba que quizá esta noche llovería, y aunque adoraba la lluvia, lamentaba de alguna manera que haya olvidado traer algo con que abrigarse. - Suelo ser muy distraído -, se dijo para sí mismo, como en aquel día en que girando la cabeza de un lado a otro, la buscaba a ella, en el parque donde se habían citado, y así, de repente, sintió dos brazos cogiéndolo tan fuerte que no supo cómo reaccionar. Pero si recordó el olor de su cabello, más aun cuando lo tenía tan cerca después de tantos años.


Patricia se levanto de la cama, cogió el teléfono y el juego de las llaves de la casa y le dijo a su madre que iba a comprar algo a la tienda de la esquina. Cerró la puerta casi presurosa mientras se arreglaba el cabello, y veía a ambos lado de la calle. La noche era silenciosa como pocas veces y la vereda demasiado larga, aunque casi se muere del susto cuando de la nada salió el perro de la vecina de su cuadra, lo que provocó después, que tuviera una risa tan sonora, que tuvo que taparse la cara con ambas manos, como aquella vez, recordó, frente a él, cuando le escucho decir aquella bobería, mientras tomaban jugo cerca al parque donde se encontraron, y pensó que las cosas no habían cambiado mucho, después de tantos años.


Patricia cogió el teléfono, y busco en la agenda el nombre de Gabriel. Cuando lo encontró, marco el número instantáneamente. Paso un momento, quizá unos cuantos segundos, como quien espera escuchar algo, hizo el esfuerzo por mantenerse en silencio, y entonces, cuando le pareció oír lo que quería, soltó un ligero suspiro y sus labios formaron una sonrisa.


Gabriel miraba como empezaban a caer algunas gotas de lluvia sobre su ventana, cuando el timbrado del teléfono irrumpía en la oficina como exigiendo ser contestado, leyó el nombre de Patricia en la pequeña pantalla, y al responder, lo primero que dijo fue: “te quiero”; como un impulso que salta desde el corazón. Cuando terminó de decir esto, escuchó un pequeño suspiro e imagino que ella sonreía, lo que a su vez, a él lo hizo sonreír, ya que creía que no lo volvería a hacer, aun después de tantos años.

aldobendezú

17.2.09

Escepticismo



"Escepticismo"

Lugar: Luricocha - Huanta - Ayacucho









Queda claro que los días pasan, pasan sin que uno se de cuenta. Pasan terriblemente, pero pasan. Y aunque pocas veces, se suela girar la cabeza hacia atrás, y se mire con cierto recelo aquel pasado tormentoso, es indefectiblemente aquella condición, la que hace que en nuestra frente se forme una marca para siempre. Y no es una señal tosca, Dios no es tan perverso, como diría Hesse, apenas es una marca imperceptible, o pero a la vez un tanto llamativa, que hace que medio mundo se te quede mirando con tal extrañeza que sientas que el aire te falta y deseas acabar con todo y con todos, o contigo mismo. De eso estaba seguro Juan. Lo supo desde esa misma mañana en que se vio al espejo, cuando aun sentía el dolor de la bofetada en el rostro de quien el amaba, amaba con toda su alma.

Queda claro que los días pasan, pasan sin que uno se de cuenta. Y mientras el mundo gira con sus vueltas horarias, con sus cuatro estaciones, con sus miles de fragancias, con sus millones de colores, conformando el marco de nuestras vidas, y nosotros condimentando cada segundo con risas efímeras y abrazos tibios, se tiene la extraña sensación de que hay algo que no se puede dejar atrás de una manera tan sencilla como lo habíamos pensado, y que por mas que se intente, esta se sujeta aun con mayor fuerza de nuestra mente, con unas garras inmensas, con el aliento helado, formando imágenes absurdas de rostros de niños tristes, parques desolados y campos de girasoles secos. De eso tenia mucho miedo Juan. Tanto temor que terminaba por despertarlo en incontadas madrugadas, y esperaba a que la ducha matutina pudiese calmar sus demonios, sus queridos demonios.

Los días pasan sin que uno se de cuenta – se repite a si mismo Juan - . Y aquella marca en su frente, aquella señal en su rostro, aquella simple mirada de tonto perdido, será la que lleve día tras día, mes a mes, año tras año, hasta que la esperanza se largue y se lleve consigo sus valijas, o que el amor llegue nuevamente a su vida, con sus afanes y sus problemas imaginarios. Aunque de esto ultimo, Juan guarda un profundo escepticismo.
aldobendezú

20.1.09

Carlos, mon bébé Carlos



"Carlos, mon bébé Carlos"

Lugar: Casa de Mamá - Lima










Carlos llegó a este mundo una mañana de enero, hace ya un año, un veintidós de enero para ser mas exacto, y quizá ese día no hubiese tenido nada de especial, sino fuera porque aquel mundo que tanto yo conocía, con aquel sol triste acompañado de blancas nubes tímidas que acariciaban el inmenso cielo gris… cambió. Cambió para siempre.

Aun guardo en la memoria la imagen mía limpiando con ambas manos las lagrimas que se me salían de los ojos obnubilados y confusos, mientras mi madre me decía que Carlos estaba en camino, acariciándome la mejilla y repitiéndome frases que casi no entendía, como que la vida es así, que Dios hace las cosas por algo, que las cosas hay que aceptarlas como son. Mi padre sujetándome el hombro en un intento fallido por contagiarme su calma. Pero yo no entendía nada, o quizá no quería entender. Y mientras miraba aquel cuadro de pintura de marco verde que colgaba en la pared de la cocina, y que en realidad nunca me gusto, el dolor se enfocaba en sus trazos toscos, en su fondo oscuro, en su irritante color marrón, y en mi mente se dibujaba el rostro de mi pequeña hermana, aquella que para mi era una niña, mi pequeña niña, y que ahora dejaría de serlo muy pronto. Yo que recién había llegado de un largo viaje, y traía en la maleta la miniatura de mi mundo perfecto, sintiendo amor, y creyendo que me amaban, cual tontuelo que arma un rompecabezas con piezas exactas, y se da cuenta después que ninguna encaja. El punzón comenzó en el estomago, para luego trasladarse al pecho y después apareciendo en mi boca impidiendo que pudiera articular alguna palabra. Y no supe más que paso. No supe que paso durante los siguientes nueve meses.

Recupere la conciencia una mañana de diciembre, después de la noche que siempre entendía y llamaban como navidad. Y en el temblor de mis brazos y de mis piernas, entre botellas de ron apiladas en el suelo, y miles de pastillas revueltas sobre la cama, sentí como un grito callado por mucho tiempo, emergía e incendiaba mis pulmones, quemando mi garganta, recorriendo un tortuoso camino hacia mi lengua, trayendo consigo la peor miseria que hubiera podido existir, y saber que no tenia a nadie, que había perdido el amor de una mujer, que había perdido el calor de mi única familia, y lo peor de todo, que me había perdido a mi mismo.

Y el mundo cambio para siempre. Aquel día en que mi mano aun nerviosa, buscaba el timbre de la puerta de la que siempre fue mi casa. En la mochila la foto de un bebé guardada como si fuera el mayor de los tesoros. Creo que fue un viernes. Y cual hijo prodigo que regresa a su hogar, abracé a mi padre con tanta fuerza como hacia meses no lo hacia, bese a mi madre con tanta ternura como hacia años no lo hacia, y llore con mi hermana con tanta alegría como nunca lo había hecho. Y entonces lo vi por primera vez, era Carlos, estaba dormido y en silencio. Me acerque a tomarle la mano y a escuchar sus latidos que se confundían con los míos. Y lo supe en ese momento. Supe que el mundo había cambiado para siempre… o al menos mi mundo.

Feliz Primer Cumpleaños Carlos, mon bébé Carlos.
aldobendezú

28.12.08

Navidad



"Navidad"

Lugar: Huanta - Ayacucho

Cuando uno tiene seis años de edad, la verdad es que no interesa tanto el pavo caliente recién sacado del horno con papas y purés de manzana a granel, no importa tanto el chocolate que por gusto familiar y autoritario, era casi tan espeso y sin mucho dulce. No llama tanto la atención llenar de artefactos de todas las formas y colores aquel árbol gigante que papá solía desenterrar de su caja dos semanas antes de las fiestas. A mis seis años, en verdad no estaban dentro de mis expectativas las copas de vino de rigor ni las luces de bengala que mamá procuraba que no tocase nunca solo. El único interés que sustentaba la gran espera de la noche de navidad, era saber que al día siguiente, a primera hora, me levantaría de la cama, con los pies como resortes, con los ojos como de estrella, con la manos impacientes como nunca, y una gran sonrisa de oreja a oreja como diría mi abuela. Cruzar la puerta de mi dormitorio, en un maratónico recorrido, sujetándome de las paredes en el pasadizo, respirando profundo al cruzar el umbral de la sala, y arrodillarme con esa firme convicción que solo se tiene a esa edad. Y ver que ahí esta, que ahí se encontraba, en papel de regalo multicolor, con lazos rojos e sorprendentemente enorme. Aquel regalo que tanto esperaba. El que abrí con tanto cariño y que sin darme cuenta, mis padres contentos miraban por el borde de la puerta. Aquella navidad, cuando tenía seis años, y el mundo era perfecto. Hoy, a mis veintinueve años, se me viene a la memoria la imagen de ese niño que no sabia de problemas, ni de amores muertos, ni de stress, ni de sueños infames. Hoy, a mis veintinueve años, ya no me levanto a esperar el regalo perfecto, pero si, al abrir los ojos, esbozo una sonrisa como el mejor regalo que podría tener. Y saber que hay gente que siempre espera verme sonriendo.

aldobendezú

26.11.08

Miedo de Noviembre


"Miedo de Noviembre"

Lugar: Calle de Huanta - Ayacucho















Era una noche extraña, el reloj indicaba las once, pero el ambiente denotaba que el tiempo era mas joven. Mateo no dejaba de pensar en lo que había sucedido una hora antes, las manos aun le temblaban. Al principio, creyó que solo fue como un mal sueño, una de esas tantas alucinaciones que creía ver cuando caminaba por aquellas callejuelas angostas de pueblo triste, alucinaciones que muchas veces rozaban con la locura. Como cuando se solía sentar en la acera, y sin tener que escuchar voces, sentía que lo rodeaban sombras a tal punto de asfixiarlo hasta que no podía mas, cerraba los ojos y dejaba caer un suspiro y repetirse a si mismo que estaba solo, que estaba completamente solo, rogando que esas voces lo dejasen en paz. Cuantas veces pasaba también, que mientras se sentaba en alguna banca del parque central, escapando de la oficina, le caía un viento frío en la nuca que le indicaba de que alguien lo observaba, y casi siempre era un niño, o uno de esos locos que nunca faltan, o quizás peor, unas de esas señoras que miran de reojo y sabes que hablan mal; y son aquellas miradas tan rapaces las que adelgazan el espíritu porque te recuerdan lo que nunca entendiste. Pero esta vez era distinto. Después de caminar con severa serenitud por la calle Santillana, soportar aquel pequeño bullicio de gente, tomó aire y apresuro el paso, miro a ambos lados antes de cruzar la Av. Mariscal, aunque a esas horas, solo pasasen motos, pero igual, nunca faltaba un ebrio sobre ruedas que pudiese aguarte la vida. Cruzó los arcos, boto el cigarrillo, y tan rápido como pudo llego a la esquina del parque. Se sintió mejor. Ahora solo faltaban un par de cuadras para poder echarse en cama, mirar al techo y cerrar los ojos como muerto. Las dos cuadras se hicieron dos mil, y eso le preocupaba; y a cada paso, sentía los tobillos sujetados por cuerdas y los pies tan pesados como plomo. Para cuando vislumbro la puerta metálica de la casa donde quedaba su cuarto, ya tenía las llaves jugueteando con nerviosismo en sus manos. – Fue solo un sueño – se repetía. Mateo se quito la casaca, aunque odiaba tener que sacarse la ropa de buenas a primeras, porque eso significaba que debía empezar con la misma ceremonia nocturna de todos los días, aquella melancólica rutina; sintió ganas de lavarse la cara y verse al espejo para recordar como era su rostro, se saco los zapatos y tal como lo había deseado, apoyo la cabeza sobre la almohada; para cuando pudo por fin mirar al techo como lo estuvo deseando desde hace mucho, se repetía a si mismo – No fue real, no fue real, fue solo un sueño, un mal sueño- tantas veces como para creérselo, hasta que no pudo mas y se formo en el cielorraso la imagen de una sonrisa a la que tenia tanto miedo. Aquel miedo que le hacia sufrir insomnios y que lo había iniciado en la absurda necesidad de fumar un cigarrillo antes de acostarse. Aquel miedo que lo hacia hablar solo. Aquel miedo que lo había convertido en el tipo más inseguro del mundo. Tal miedo que le impedía tener contacto con la gente. Un miedo tan feroz. Miedo a una sonrisa. A aquella sonrisa que creyó ver hace más de una hora, y que le congeló todos los sentidos. Aquella sonrisa que en una tarde de otoño, de hace muchas lunas, se llevó consigo su sonrisa - la de él- para siempre.
aldobendezú

21.9.08

Pequeña historia sobre estrellas y caramelos



Pequeña historia sobre estrellas y caramelos

Lugar: Capilla Cedrocucho - Huanta - Ayacucho













Ana se sentó en la acera presumiendo que la noche era lo suficientemente oscura para que nadie lo notase, solo quería dejar pasar el tiempo mientras aquella última noticia recibida sea digerida con la tranquilidad necesaria. Muy en el fondo sabia que esto era casi imposible. Hacia frío y eso dificultaba aun mas las cosas. Se abrazo a si misma para calentarse un poco, o para al menos dejar de temblar, aunque no sabia si era esa la razón por la que temblaba o era por el miedo. El aire lo sentía pesado, y los pies cansados, los ojos como nubes, las manos como piedras, como aquella vez en la calle Hungría, en que tuvo la primera pelea desde que empezaron a salir con Juan. De lo que estaba segura era que no quería llegar a casa. De vez en cuando miraba a los lados, a fin de tener el tiempo necesario de levantarse y limpiarse las lagrimas por si pasara alguien conocido, aunque dudaba de eso por ser algo tan remoto, era una ruta por la cual nunca se le ocurría venir. Además la ciudad era grande, pero a la vez tan pequeña para ella en ese momento, pensó. El papel que tenia en la mano, blanco con letras negras y rojas, completamente arrugado, completamente estropeado, era como un tesoro del que nadie quisiera saber. En el bolsillo del lado derecho de la casaca azul, aquella de botones de madera, aquella que le regalo papá sin querer en aquel día en que salieron juntos al centro de la ciudad, y solo porque ella se moría de ganas de tenerlo; hermoso en el escaparate y todo eso, y además porque si no se lo compraba, papá tenia que soportar la misma escena de mal gusto de berrinches y malas caras de niña engreída sin remedio; de aquel bolsillo sacó dos caramelos, un lapicero y un poco de papel higiénico. Se limpió el rostro, debajo de los ojos, los pómulos, la nariz y como deseaba limpiarse lo que tenía en la mente, usando ese delgado material blanco podría llevarse las tristezas y los malos pensamientos. Luego desenvolvió uno de los caramelos, era de limón, esos que regalan en las oficinas o lugares donde se precian de tener buena atención, lo metió en la boca y lo escondió por debajo de la lengua, y hasta ese momento se dio cuenta que hacia eso cuando estaba nerviosa. No quería llegar a casa, de eso estaba segura, bueno era de lo único que estaba segura. El mundo era como un sueño, y aquella calle desolada como la peor pesadilla, algunas estrellas y la luna muerta. Tenía los labios resecos, no había probado nada durante toda la tarde, solo un caramelo, también de limón, mientras miraba el reloj de espera, uno redondo y de letras muy gordas, y llegaba su turno de atención, de eso ya habían pasado varias horas. Pero eso no le preocupaba, por su cabeza pasaban tantas cosas, que sentía que se le salían y se deslizaban por las orejas, y llegaban al pavimento convertidas en sombras grises formándose charcos imaginarios que le manchaban los zapatos. Ana no sabía que hacer, pero estar sentada ahí para siempre, no era lo correcto, eso si lo sabía muy bien. Y se preguntaba como estaría su mamá, seguro ya echada en cama, viendo alguno de los noticiarios, y papá en la sala, terminando de leer el periódico del día o quizás preparándose un café en la cocina. Juntó las rodillas y posó el brazo izquierdo por sobre encima de ellas, apoyó la barbilla sobre la muñeca, mientras con mucho temblor levanto la mano derecha, con el papel que sujetaba en ella, lo puso a la altura de sus ojos y lo leyó por enésima vez. Y lo leía y lo releía, como quien ve una palabra en chino o finlandés, pero se dio cuenta que algo había cambiado, esta vez sonrió un poco, o al menos eso parecía, porque hizo una mueca torciendo los labios, como quien hace un esfuerzo en vano por esbozar una sonrisa, además no podía ser tan malo, quizás mamá llore un poco, quizás mucho y papá se quede callado, de repente Juan no se asuste tanto. Y empezó a sentir como una fuerza le venia de muy dentro, y del cielo sentía como le alumbraban miles de estrellas. No podía ser tan malo, que tonta, se dijo. Y desde ese momento amo esa palabra, la amo tanto que los ojos aun llorosos le brillaron como dos soles gigantes. Amó esa palabra, amó cada silaba, cada letra, cada curva, cada rayita, la amó tanto que le dio un beso. Un beso de cinco minutos, un beso de un millón de minutos, nunca supo cuanto. Aquella palabra que en una prueba de embarazo decía positivo.
aldobendezú

10.9.08

Café



Café (... para vivir)

Lugar: Casa de la Bisabuela - Cangallo - Ayacucho














La señora Maria muchas veces se olvida mi nombre, y cuando lo hace, pone su cara graciosa de no saber que hacer, mira a todos lados, al suelo, al apilado de papeles sobre mi escritorio, a sus manos, al fluorescente, a la puerta, y no lo recuerda, entonces muy temblorosamente solo atina a decirme joven o quizás ingeniero, en el mejor de los casos, pero con un rubor melancólico, como si ya desde el momento mismo de esa suerte de amnesia caprichosa, solicitara el perdón que esta tácitamente otorgado. Deja caer la galleta cerca de mis manos, la de chocolate, y a veces le pido que me dos, solo cuando la noche anterior, igual de caprichosa, haya sido tan larga que no me dejara abrigar el sueño por mucho tiempo, y me levante tarde, por lo que el desayuno pasa a ser una merienda casi inexistente. La señora Maria viene todos los días, casi siempre a las diez de la mañana, quizás por costumbre, o porque sabe que los que no comieron nada, solo pueden soportar hasta esa hora sin levantarse de sus asientos para salir presurosos a la bodega mas cercana a comer algo. En su canasta trae panes con queso y jamonada, galletas de chocolate y vainilla, y alguna que otra gaseosa. Pocas veces se le ocurre traer café en un termo rojo pequeño, y sirve en vasos blancos de tecnoport, pero cuando lo trae, todos nuestros ojos brillan como imaginando la delicia de un sorbo, negro y con poca azúcar. Eso ella lo sabe. Quizás el sabor tiene algo mas, ya que el paladar no confunde, y cuando tomo el vaso entre mis manos, mi mente me lleva a otro lugar, y aunque parezca extraño, escucho en aquel momento como mi madre termina de servir el café a en la taza verde de papá, mientras él coloca al bebé en su silla, arreglándole el babero, dándole un beso en la frente, y mi hermana, apurada por ir a sus clases, corta el queso en tajadas, como quien aprovecha el tiempo para que su leche se enfrié un poco. Y en aquella cocina, con aquel mantel crema a cuadros, aquellos individuales de color verde oscuro, la panera amarilla, la mantequillera blanca, los cubiertos plateados, todo ahí, y yo, sentado, mirando esa escena perfecta, como teletransportado en la distancia. Suspirando sorbo a sorbo. Pero solo es un momento. Termina cuando Jesús me pregunta sobre porcentajes de alguna valorización. Termina cuando Wily me toca el hombro y me pide que firme algún documento de alguna de las obras a mi cargo. Termina cuando el maldito celular suena impaciente, seguramente por algún proveedor o alguien de la oficina, o también termina cuando la propia señora Maria estira la mano pidiéndome que le de los dos soles que le debo por el café. Entonces me doy cuenta que solo fue un momento. Un precioso momento. De esos que te curan el alma y te llenan de ganas de comerte el mundo, inflándote el pecho hasta donde alcancen tus pulmones. Y mientras vuelvo en mí y hurgo en mis bolsillos buscando esas dos monedas, le pido a la señora Maria que mañana no olvide traer mas café, siempre en su termo rojo pequeño, siempre negro y con poca azúcar, siempre a las diez de la mañana, por favor, aunque sé que es probable que olvide mi nombre.
aldobendezú

18.7.08

Insomnio


"Insomnio"
Lugar: Luricocha - Huanta
Esa noche, mientras leía un poema de Pizarnik echado sobre la cama en su habitación, el segundo cigarro de insomnio se terminó, y por coincidencia, también en el mismo instante en que Silvio dejaba de tocar los acordes de “Quien fuera” en una versión en vivo que había bajado de Internet un día anterior. Siempre tenia esa manía de escuchar versiones nuevas de canciones que le gustaban, aunque esta última, habría significado una pacienzuda búsqueda entre cientos de títulos y nombres; claro se podía dar ese lujo cuando la oficina quedaba completamente sola, cuando todos retornaban a sus casas a dormir como todas las noches. Pocas veces quedaban a su lado Carlos o Gilberto, los otros ingenieros con los que trabaja, pero no era una molestia, se decía, aunque sin embargo aquellas búsquedas ameritaban una total concentración, y si tenía suerte, el tiempo solía aminorarse estupendamente.

Al terminar la canción, puso la colilla de cigarro en el cenicero semi rustico que había acondicionado, y que en realidad no era mas que una taza rota por la mitad que hacia como dos meses, y en un descuido, que mas que descuido, fue una torpeza, se le cayó de las manos cuando pretendía lavarla porque no le agradaba el olor a cacao a media noche que venia de la mesa al costado de la cama, pero resulto ser una mala idea hacerlo en un estado semi inconciente, con tanto sueño que obnubiló todos los sentidos al mismo tiempo.

El cigarrillo terminó de apagarse confundiendose con el anterior, formándose figuras insospechadas en esa mezcla de cenizas y colillas, demasiado ya para su imaginación cansada y nocturna, pensó. Levanto la vista, buscando casi con cierta desesperación el control con el que podría escoger la siguiente canción que quería escuchar, pero nada de nada, no lo encontraba. Quizás por debajo de la cama, o entre las sabanas; lugares donde lo solía perder, pues pensaba que dentro de desorden existía un orden, el cual se daba sin ninguna explicación. Así tenia que ser. Aunque la mayor parte del tiempo no encontraba el encendedor o el cable para cargar el celular, o quizás si lo sabia, pero seria demasiado aburrido encontrarlos tan aprisa.

Cuando buscó el botón derecho del control con el pulgar de la mano izquierda, la costumbre le ayudo a descifrar en la oscuridad el indicado, no quería cometer el error de volver a escuchar la misma canción o la que inmediatamente continuaba. Si mal no recordaba, un tema de Calamaro que lo ponía siempre muy mal. Prefería poner a Spinetta o quizás Sabina, para no evocar sentimientos estúpidos que ningún favor le hacían; aunque no siempre solía ser tan exquisito, solo escucharía al siguiente, lo que la buena fortuna le depararía. Cuando se puso a pensar en que quiso decir con lo de la “buena fortuna”, solo hizo una mueca de ironía absoluta.

Eran las dos y treinta de la madrugada, y el insomnio feroz seguía presente, quizás porque en su cabeza las ideas nunca descansaban, o peor aun, no dejaban de invadirle con imágenes y recuerdos, antiguos sonidos y olores, aquellos que marcaron su frente y que jugaban con él hasta hacerlo sentir el hombre mas solitario del mundo, que aunque había muchas personas a su alrededor, era sin duda el hombre mas solitario del mundo; pero no le quería dar mucha importancia a lo que pensaba en ese preciso momento ya que ese tipo de cosas a veces, y en las noches mas oscuras, se le solían meter por la boca y los oídos para luego convertirse en gotas saladas que caían en famélico recorrido por su mejilla, aunque no pasaban de dos o tres, porque hasta en eso su distracción le jugaba una mala pasada, o era un sonido en la calle, o un reflejo en la pared, o quizás una polilla en el techo jugueteando con el fluorescente, si la suerte era dulce.

Cuando encontró en el reproductor una canción de Dylan, pensó que estaría bien. Pocas veces escuchaba a Dylan, y era una buena oportunidad. Giró la cabeza a la izquierda, y sobre la mesa, entre la billetera, el libro de mafalda, la botella con agua, y la fotografía con marco de madera, ubicó la cajetilla blanca de rayas verdes que tenía un cigarrillo más. Eso lo sabía. Lo prendió de manera tan ceremoniosa que el mismo se sorprendió, como si se tratase de la única cura para esa larga noche. Se tomó su tiempo. El tercer cigarrillo de esa noche, de las incontables noches de insomnio. Y mientras releía un poema que le había gustado, el humo acariciaba su rostro, y muy dentro de sí, intentaba convencerse de que mañana, todo podría ser mejor. Quizás ahora si.
aldobendezú

9.3.08

Puerta Abierta



"Puerta Abierta"

Luricocha - Huanta

8.2.08

Adios, niño, adios.



"Adios, niño, adios"

Lugar: Luricocha - Huanta










En verdad no tengo mucho que decir. En realidad, nunca dije algo bueno. Eso lo sé. Y quizas me doy cuenta cuando ya es muy tarde. Teresa terminaba de limpiarme la cara mientras yo seguia llorando como un niño. Nunca entendí nada o quizas nunca quise entender. Y tal vez todos tuvieron siempre la razón y yo toda la vida estuve equivocado. Me lo repetia mientras mordia la almohada para callar. Era de aquellos momentos en que uno siente que la lengua le estorba, y que le salen las lagrimas sabiendo que no valen la pena. Para cuando sentí la mano de Teresa en mi mejilla, despidiendose con una caricia y la voz de Omar repitiendome que era una todo una reverenda estupidez, ya mis ojos solo veian negro. Y de pronto, silencio. Un silencio total. Un silencio que duro mil años metidos en tres minutos. Fue entonces que se me vino a la mente la figura de mi madre que hacia cuatro meses que no veia ni sabia de ella, la voz de mi hermana que no escuchaba durante ocho meses y era porque yo no queria, y el abrazo de mi padre que no sentia ya tanto tiempo que ni recuerdo, la caricia de mi abuela que ya no me importaba, la risa de mi abuelo que ya olvidaba, la mueca de Teresa, la mirada de Omar, el apreton de manos de Giancarlo, y ahi terminaba de contar. La familia que le dicen. La unica familia que tenia. Y fue como una explosión en un pequeño mundo. Y así, sin mas ni mas, todo cambió, el silencio se hizo una marca eterna en mi pecho, la tristeza se cayó de la cama y escurrio por debajo de la puerta para dar paso al sereno color de la paz y esa alma de niño de la cual todos siempre se burlaban, se tiró en un acto suicida por la ventana para nunca mas volver. Y ya no estuvo nunca mas. Y es quizás por eso, que es la última vez que escribo estas cosas bobas sin sentido. Y la inmadurez será un mal recuerdo. Y como siempre me dijeron: "Madure, Aldo, madure. Y Diga adios a ese niño tonto, digale adios, que nunca le hizo bien". Adios. niño. Adios.
aldobendezú

12.1.08

Historia de una mañana de enero



"Historia de una mañana de enero"



Lugar: Luricocha - Huanta - Ayacucho












La historia comenzó la primera mañana de enero, entre risas bobas y canto de despido de luna. El reloj del parque indicaba que el día comenzaba con ilustre pergamino, un año nuevo que le llaman, con cielo tan azul que intimidaba cualquier sonido excento de color, con una frescura inquietante que se dejaba sentir en mi rostro y las luces en los faros que se resistian a morir en contraste con el mundo. La mirada la dirigia al suelo, como casi siempre, y contaba los zapatos, once pares en total, todos en fila, como esperando una gran carrera. Pero esa no es la historia, creo que no, pues la verdadera historia se escribiria por si sola cuando al llegar a la soledad de mi cuarto, el album de fotos salto a mis manos, como exigiendo su dosis diaria de atención, y sin darme cuenta, la imagen saltó del papel, y ahi estabas, serena, con aquella mirada que solias dar cuando no me entendias nada. Y cual fantasia lúdica, tantas palabras como pude se me llenaron en la boca y te empecé a contar sobre mi vida; que porque aun siento el dolor en la cabeza cuando los problemas me caen como lluvia; que porque me rio de costado cuando en la oficina viene la señora de las galletas y sin preguntarme nada, me suelta en el escritorio la chomp de todas las mañanas; que porque tiemblo cuando se acerca el jefe con sus comentarios sarcásticos y voracez cuando lo distraido se me nota ya demasiado; que porque ya no suelo ir mucho a la casa de la abuela, a menos que sea para la merienda diaria, quizas porque ya me cansa explicar que la soledad no es mala y que mi cara triste es normal; que porque a pesar de tener la billetera rota por donde se me escurren todas las monedas, no la cambiaria por ninguna; que porque al caer la noche doy el ultimo suspiro mirando el techo imaginando tu rostro que me mira como ahora lo estas haciendo. Y te conte todo, todo. Y para cuando terminé, todo se volvió como un sueño. Y la historia terminó cuando abrí los ojos y levante de mi pecho la foto a la que ya habias vuelto.

aldobendezu


2.1.08

Puerta


"Puerta"
Lugar: San Jose - Huanta - Ayacucho
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Hoy no es un dia feliz.
se acercan por el horizonte,
sombras de figuras muertas,
colgandose de nubes nada atentas,
y se reparten como rayos de sol,
hacia el lado mas claro de mis botas.
Hoy no es un dia feliz,
se respira pesadez sin remedio,
suspendiendo en polvo amarillo,
melancolias de perdida de sueño,
y la receta de la cura contra el olvido,
se deja caer mientras recuerdo su rostro.
Hoy no es un dia feliz,
la puerta de mi vida se cierra,
con picaporte imaginario de tristeza,
aunque mis ganas se resistan,
y la esperanza suzurre al oido,
sobre batallas que nunca se llegaron a luchar.
Y aunque el tiempo cruel con sus artimañas,
me tire de la camisa por sus mangas,
esperare siempre paciente,
por si tu mirada se asoma por aquella puerta,
que yo eternamente vigilare de reojo.
aldobendezu

15.12.07

Tienda


"Tienda (Remanentes de Esperanza)"
Lugar: Huanta - Ayacucho

13.12.07

Duda que mata


"Duda que mata"
Lugar: Cuarto - Huanta - Ayacucho.

9.12.07

Suerte Infinita



"Suerte Infinita"

Lugar: Chaca - Huanta - Ayacucho

"Era un dia importante, era un dia muy importante. Y la verdad es que tenia muchas cosas por hacer, y aun no habia empezado con nada. Eran las casi diez de la mañana y no habia comenzado con nada. Recuerdo que tu te pusiste a jugar en el patio de atras, siempre con ese buzo azul y amarillo que te habia comprado tu papá; creo que jugabas con las plantas, el agua, y lo juguetes semidestruidos que no tenian ni un mes de comprados. Empecé por asearme y cambiarme; y luego la dificil tarea de hacer lo mismo contigo. Eras tan inquieto. Eran las diez y media cuando tomamos la camioneta, debiamos encontrarnos con tu mamá. Era un dia especial. Era el dia de su titulación. Todos estabamos contentos y orgullosos, pero tu ni cuenta, solo te importaba el carro rojo que tu abuelo te regalo en la tienda que esta al frente de la nuestra. Recuerdo que la ceremonia comenzó a las once y media, ya para entonces me di con la ingrata sorpresa de que habia olvidado tu biberón en la cama. Tu comenzaste a llorar. Para cuando todo terminó, me percate en lo incomodo que estabas, y tu mamá, feliz, era lógico, era su dia, asi que le dije que no se preocupe, que festeje con sus amigos, que yo me llevaba al bebé. Era casi de noche cuando esto pasó. Nos dirigimos al paradero, y la desesperación, hijo, cuando nos dimos cuenta que no habia ni un vehiculo disponible para el viaje de vuelta. Alguien se acerco, me tomo del brazo y dijo: "Doña Irma, es el hijo de su hija, Irmita, no?. Qué hace acá?. Esta empezando a llover, yo la llevo". No recuerdo el color del auto pero si reconocí el rostro de Don Fermin, el de la vuelta de la casa. Y la desesperación se alejó. Pero no fue hasta que nos encontramos a medio camino, cuando el bendito carro se averió. "Que hacemos Doña Irma, el bebé esta llorando?", preguntó Don Fermin. "Es porque tiene hambre", le conteste. Mil intentos y nada, no arrancaba. Eran casi las nueve de la noche y la lluvia era fuerte, hijo. Que podriamos hacer?. Tu con hambre, y la lluvia, y en medio de la carretera. Pero vaya que Dios si es grande, yo siempre te dije que Dios es grande; y en eso pasó un camión semivacio, y no quedo otra, te aseguro que no quedaba otra; solo atiné a subir a la parte trasera y cubrirte de la lluvia lo mejor que podia, y yo ya estaba toda empapada. Pero debiamos llegar. Teniamos que llegar. Lo que me alegró es que dejaste de llorar. Supongo que te habrá llamado la atención la mezcla de sonidos que se producian cuando te cantaba y el repique de las gotas golpeando la madera. LLegamos a la diez de la noche. Pase la toalla por tu cabello y seque tu cara. Te cambie de ropa. Y luego, tu con el biberón en la mano, poco a poco fuiste quedandote dormido".


Y la abuela terminó de contarme el relato mas hermoso del mundo de un entrañable tiempo pasado, con sus ojos semividriosos, como quien se reprime el llanto; y yo viendola, atento, sentado a la mesa, con el cafe caliente al frente. Y no podia decir nada. Ni una palabra. Solo cogí su mano en un acto tácito de agradecimiento eterno. Agradecer a la vida por permitirme tener dos madres. Aquella suerte infinita.


aldobendezú

29.11.07

Expirar



"Expirar"

Lugar: Pampachacra - Huanta - Ayacucho

Etiquetas:

Punto de partida



"Punto de partida"

Lugar: Luricocha - Huanta - Ayacucho

19.11.07

Volver a nacer (Happy birthday)



"Volver a nacer"

Lugar: Luricocha - Huanta - Ayacucho










Que dia es hoy?. Que dia es hoy?. En realidad no interesa. No interesa tanto. Quiza la pregunta pueda sonar razonable cuando me pare frente al espejo deslizando la hoja de afeitar por el lado izquierdo de mi rostro, aspero y lleno de jabón; pero ni aun asi, la respuesta se hace esperar con cada sube y baja vertical de mi mano derecha. Que dia es hoy?. Esa pregunta se aferra como una espina por detras de mis ojos y hace que me desespere, que los inunde en agua con las dos manos, sobando con el dedo indice, como intentando aliviar un ardor que no se calma de buenas a primeras. Que dia es hoy?. Que dia es hoy?. Maldita sea, tengo todo el cuerpo congelado, y ya casi ni siento el sabor de la pasta dental, pero si el frio glacial en los pies por no usar sandalias. Que dia es hoy?. "Que pregunta tan tonta", me digo cerrando la puerta que separa mi cuarto del mundo real y ajeno. Para ese momento, ya no tenia sentido tomar el desayuno, como muchas otras mañanas solia suceder, pero si me angustiaba la increible necesidad de caminar, o mejor dicho, el de escapar. Y cuando me di cuenta, habia dejado atrás la ciudad, esa pequeña urbe que me ha enseñado a odiarla, con su bullicio casi inexistente, con su calles angostas, con su gente de mierda. Creo que habia avanzado ya un buen trecho, cuando sentí la asfixia que produce el calor de media tarde, al resecar la garganta, pero mis ganas de continuar hacian que cualquier importunio se mutara en ánimo inquebrantable. Que dia es hoy?. Que dia es hoy?. Los árboles me guiaron, el rio me llamó, las nubes me sonrieron. Me senté sobre una piedra para escuchar aquel sonido que pulcra el alma y refresca el espíritu. Una foto por alli, dos fotos por alla. Y nada mas. Que dia es hoy?. Maldita sea. Que dia es hoy?. Habia decidido estar completamente solo. Solo conmigo mismo. Fue entonces que al elevar la mirada, cayó sobre mi frente una gota de lluvia de un cielo oscuro y compungido. Y cayó otra mas, y otra mas, y en menos de un minuto ya tenia el polo y los pantalones empapados, y llovió con tanta fuerza que sentí como disgregaba mi cabeza y se llevaba todos los recuerdos, todas las risas, todas los llantos, los sinsabores, los dolores, todas las desavenencias, todos los tristes sueños. Y fue como si volviera a nacer. Que dia es hoy?. Creo que hoy es mi cumpleaños, pero no lo tomo asi. Hoy, para mí, será el dia en que volvi a nacer. El dia en que me regalaron el milagro de volver a nacer.
aldobendezú

14.11.07

Caida a la tarde


"Caida a la tarde"
Lugar: Cuarto - Huanta - Ayacucho

13.10.07

Formas de pedir




"Formas de pedir (pero sin mirar)"


Lugar: Huaychao - Ayacucho











12.10.07

Eso que llaman trabajo




"Eso que llaman trabajo"

Lugar: Huaynacancha - Huanta - Ayacucho
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Eso que llaman trabajo, se traduce por mera complicidad con la actual coyuntura agreste, en stress endulzado y cansancio silente. Pocas veces se presenta la oportunidad de por pequeños momentos, distraerse o abstraerse, deprimirse u olvidarse, lo primero que se de, convirtiéndose, en un instante, en silbido hueco y mirada perdida. Casi nunca se tiene tiempo para la insana retrospectiva a imágenes de sueños olvidados y ojos vidriosos. Y aunque pocas veces se tenga la firme idea de lo que realmente se esta haciendo, le puedo llamar trabajo.
Eso que llaman trabajo, hace que mis pies se conviertan en resortes por las mañanas y bolsas de plomo por las noches; hace que mire al espejo cada día repitiendo frases de muchacho optimista que nadie en su sano juicio creería, y que con la frente fresca gira el picaporte siempre hacia la nada. Yo no sé. Que se puede decir. Todo esto de andar ordenando y recibiendo ordenes, esto de respirar sin preguntarse porque uno lo hace, supongo que algún día habrá de terminar, y caerá como agua que rebalsa, la oscura hora que me sorprenderá una noche de octubre, recostado sobre la cama, con las piernas cruzadas y los manos sobre la almohada, en medio de una larga expiración, y me inundaré con recuerdos de olor a cabello mojado, figura de una ceja elevada, sonido de risa eterna. Tantas cosas. Tantas cosas. Pero no me he rendir. Eso no. No lo haré. Y entonces sin pensarlo dos veces, meteré por mis oídos, ordenes de alcaldes y gerentes rabiosos; incrustare en mis ojos, imágenes de informes y planos confundidos; aspiraré por mi nariz polvo de cemento y polvo de tierra gris sin miedo, y solo hablaré de cronogramas ejecutados y valorizaciones mensuales sin descuento. Y ya no me deprimiré. Ya no. Todo será stress endulzado y cansancio silente. Eso que llaman trabajo.

8.10.07

Atardecer





"Tu fantasma (al atardecer)"

Lugar: Ayacucho








Me decido a tararearte todo lo que se te extraña,
desde el siglo en que partiste hasta el largo día de hoy,
me acompaño de guitarra porque yo no se de cartas,
y además ya tu conoces que ella va donde yo voy.

Lo único que me consuela es que uso dos almohadas,
y que ya no me torturo cuando te hago trasnochar,
otro alivio es que en su árbol los pajaritos del alba,
siguen ensayando el coro con que te bienveniran.

El teléfono persiste en coleccionar absurdos,
embromarme sigue siendo un deporte universal,
y la puerta esta comida donde la ha golpeado el mundo,
cuando menos una buena parte de la humanidad.

El cine de enamorados tuvo un par de buenas pistas,
nuestro cabaret privado sigue activo por su bar;
se nos sigue desangrando la llave de la cocina,
y yo sigo sin canciones, habiendo necesidad.

Pueden ser casualidades u otras rarezas que pasan,
pero donde quiera que ando todo me conduce a ti,
especialmente la casa me resulta insoportable,
cuando desde sus rincones te abalanzas sobre mí.

No exagero si te cuento que le hablo a tu fantasma,
que le solicito agua y hasta el buche de café,
en días graves le he pedido masajes para mi espalda,
los peores ni te cuento porque no vas a creer.

Hay días que en tu sacrificio acaricio tu fantasma,
pero donde iba el delirio, no oigo tu respiración;
siempre termino en lo mismo, asesino tu fantasma,
y la diana me sorprende recostado en el balcón.

Ya no se si lo que digo realmente nos hace falta,
hoy no es día inteligente y no se ir más allá,
pero cuando puedas, vuelve, porque acecha tu fantasma,
jugando a las escondidas y yo estoy muy viejo ya;
pero cuando puedas vuelve, porque acecha tu fantasma,
jugando a las escondidas y yo estoy muy viejo ya.


Silvio Rodriguez

30.9.07

Cuando el mundo acaba


"Cuando el mundo acaba"

Lugar: Ayacucho









Mi abuela paso su mano fria por mi nuca, instantes despues de haber dejado de lavar la ropa en el patio de atras, con esa agua congelada que inmoviliza hasta el alma. Quizas le habria llamado la atencion el verme sentado a la mesa, con la frente escondida, y apoyada entre mis brazos, sin ganas de nada, con la mirada fija en el piso. Quizas le habrá molestado observar como la sopa que minutos antes y con tanto esmero habia servido se convertia en una suerte de liquido graso que pronto tendria la necesidad de ser recalentado, y yo, ni caso. "Que te pasa, hijo?", fue su primera pregunta, y yo, ni caso. En verdad queria responder, pero a duras penas podia sentir como el aire entraba a mis pulmones, que con sigilozo recelo se llevaba todo de mi, hasta lo mas valiente. "Por que no quieres comer, hijo?", fue su segunda pregunta, y ya para entonces, mi mente recordaba la figura de una mano, que tomó la forma de un rayo, y que rompió todos mis sueños cientos de partes que quedaron tirados al pie de una puerta que acababa de cerrarse. Y que me dejo en el rostro aquella sensación de desconcierto con color a miedo. Y despues, caminar, caminar como un fantasma, sin pensar, sin hablar. Es cierto que la cabeza me estallaba como nunca, que el dolor en la sien pareciera que era producido por dos clavos inmensos que hincaban con furia, que reventaban los colores. Pero eso no me importaba ahora. Solo pensaba en el odio de una mirada que dejo caer una mano. "Yo se porque estas asi, siempre te pones asi, y yo ya se porque. No te preocupes hijo, las cosas pasan, todo se solucionará", fue lo tercero que me dijo la abuela, y paso su mano, ahora menos fria, por mi cabeza que seguia apoyada en mis brazos. En verdad queria responder, queria decirle gracias mamá, lo sé, lo sé, soy un tonto, siempre lo fuí, pero cuando a uno le brotan lagrimas, casi nunca quiere hacerlas ver, son como tesoros que uno guarda en secreto. Gracias mamá, si lo sé, lo sé, soy un tonto, siempre lo fuí. Y su mano siguió acariciando mi cabello, como cuando de niño pequeño, me acariciaba si es que mi madre se iba de casa, y sentia que el mundo se acababa.



aldobendezu

9.9.07

Mirando hacia atras



"Mirando hacia atras"

Lugar: Huaychao - Huanta









Camine de regreso a mi cuarto, con los pies tan cansados que a duras penas podia moverlos, el saco con olor al segundo cigarro, y la cabeza aun dandome vueltas, recordando escenas tristes de mano apretada y mirada vacia. Y mientras caminaba, el auricular me ocultaba los sonidos de la periferia, de la calle oscura, con canciones que a esas alturas, ni la atencion prestada era la debida; en verdad, mis pasos parecian los de un fantasma que explora el asfalto y que sin mas pena que gloria, siente que el mundo lo ha olvidado. Al llegar a la puerta de mi cuarto, saque la llave del bolsillo izquierdo, y mientras apuntaba sin ver el picaporte, escuche una canción que detuvo todo mi universo mientras todo el tiempo que esta duró. Si mal no recuerdo, la canción decia asi:



Este siniestrado vuelo de cupido,
este tiempo que no pasa,
en mi reloj de agujas engomadas,
mi reloj de agujas que se clavan.

Estos cementerios que erigió el olvido,
para enterrar mi alma en una herida,
más parecen terrenos baldíos,
más parecen terrenos baldíos.

Me hice a la mar, deserte de esperar,
me llevo la marea de los meses,
me hice a la mar, barco sin capitán,
a quien nunca nadie le pertenece.

Quien va a detener esta tormenta,
sobre mis tierras en sequía,
quien va a detener este rebrote,
quien me va a podar las nuevas flores.

Ya no habrá silencios que me agobien,
lo que ves es llanto de alegría,
con lo que me queda me levanto,
con lo que se ha ido haré canciones.
Con lo que me queda me levanto,
con lo que se ha ido haré canciones.

Me hice a la mar, deserte de esperar,
me llevo la marea de los meses,
me hice a la mar, barco sin capitán,
a quien nunca nadie le pertenece.

Para olvidar es preciso saber,
que nadie nunca nos pertenece.
Que nadie nos pertenece.
Que nadie nos pertenece…


Y creo que tenia razón....mucha razón.

9.8.07

Cansancio de subida


"Cansacio de subida"
Lugar: Pampachacra - Huanta
















Llega un momento durante la noche en que el cansancio se apodera de mis parpados y mis manos ya no quieren saber nada del teclado, ni de sus signos, ni sus numeros, y la pantalla del computador se vuelve una enemiga atroz, entonces el sonido de mi respiración se traduce pesada a un lenguaje de saliva reseca y garrazpeo sin sentido en la garganta; es cuando apunto mi ojo derecho al reloj que esta en mi muñeca izquierda para reaprender la posición que marcan esas dos flechas plateadas que en conjunto y engaño, me gritan que son las once. Once de la noche. Me pies se preguntan si es temprano, y mi nuca, se contesta que si es tarde. Pero al intentar enfocar la vista en el ultimo digito creado antes de entrar al absurdo lapso de desconcierto, es gracioso, porque no puedo enfocar nada. Se tiene la necesidad de agachar la cabeza enmarcando el rostro con ambas manos, apoyando los codos sobre el escritorio, y ya esta. me doy cuenta de que el cansacio se pinta en mi frente y sopla en mi oreja alguna frase inentendible de ayer. Cuando sucede esto, suelo pensar en lo maravilloso que seria olvidar por un momento, que mi unica verdad será que cuando cruce la puerta de salida, veré un parque solitario, que mi cuarto parecerá un cementerio de animos, que mi cama cargará con un muerto descolorido y que los pensamientos que me revientan la espalda serán los de un viejo que no sabe si a la mañana siguiente despertará con el mismo cansacio se subida, o en tal caso, de su vida, su solitaria vida.
Aldo Bendezú I.

24.7.07

Suerte de Impulso


"Suerte de Impulso"
Lugar: Huanta - Ayacucho

18.7.07

Facil



"Fácil" (...?)

Lugar: Casa de Omar Martinez - Huanta











Quizas no es fácil sentarse en alguna banca de alguna plaza, con el lapicero en la mano, mirando el cielo inmenso como buscando respuestas a preguntas que salen indescriptiblemente del pecho, sujetando el cuaderno con un nerviosismo propio de un niño que tiene a cien personas esperando suceda algun error mientras declama una trillada poesia, con los pies moviendose en circulos como intentando delimitar el espacio vital en forma de burbuja que no permite que el bullicio de la gente se infiltre tan facilmente. Se que no es fácil mirar impulsivamente de reojo hacia los lados, con tal paranoia que contraste con la seguridad que tienen los zapatos de los demas, al emitir ese sonido tan irritante en el momento en que son arrastrados indicando que se acercan mas y mas. Pueda que no sea fácil comprender por que se tiene la firme idea de que se esta completamente seguro de algo y a los tres segundos la duda se clava en la sien como una filosa estaca que hace sangrar miedo a borbotones hasta perder el sentido tan lógico de las cosas. Se que no es fácil entender el por qué de la revancha de las palabras en el momento menos indicado, cuando se tiene la necesidad de expresar la idea absoluta de lo que se quiere decir, y es entonces que la boca solo escupe cuentos sucios de tristezas e historias de fiestas sin piñata, jugando al filo de la cordura, haciendo de este dia, un dia sin pena ni gloria. En realidad no es fácil, nada es fácil, aunque cada noche, al cerrar los ojos, y aunque se entienda contraproducente, me sea tan fácil olvidar todo lo que dicho. Todo.
Aldo Bendezú I.

20.6.07

Esperar



"Esperar"

Lugar: Huamanga - Ayacucho











Sin mas miedo, que el miedo normal, me levante hoy con los parpados pesados y la insoportable necesidad de mirar hacia el techo blanco de mi habitación, con su grietas, con sus manchas; y luego la triste realidad de no tener mayor gusto que sentarme al borde de la cama preguntandome a donde fue a parar el par izquierdo de mis zandalias, mirar por debajo del ropero, y yo tan distraido como siempre, casi compungido, por olvidar en que momento el par derecho habria decidido quedarse en su sitio a pesar de la revolución que se dan todas la noches, cada noche, cuando llego al cuarto, cuando las botas saltan de mis pies exigiendo libertad, y las medias suzurran entre ellas las anecdotas de la triste historieta de sufrida caminata, la camisa ya perdiendo la honra se escurre por entre el suelo hasta llegar a rincon mas seguro mientras que mis pantalones callan, solo callan, sin mas remedio que soportar el maltrato y las patadas, los revuelcos y los torcijones de un sonambulo ocupante hasta extirparme de ellos definitivamente. Quizas no lo es tanto con mi reloj y la billetera, pues aunque nunca sé de sus paraderos exactamente, siempre estan cuando los necesito. Luego el sumegirme por dentro de las sabanas mirando de reojo los numeros que indican el reloj sobre el televisor, aunque sin mucha fortuna, acomodando la almohada, peleando casi con ella, y nunca se acomoda, hasta dar al piso maldiciendome, y yo maldiciendola. Y contar hasta mil para ver si algun ojo se digna en cerrarse, pero nada, al final la oscuridad se apodera las pupilas por suerte o por magia. Hoy amaneci con los parpados pesados, y lo mas problable es que haya sido por la mala noche de ayer. Por la larga espera de ayer. La espera de siempre.
Aldo Bendezú I.

10.6.07

Atrás (muy atrás)



Atras (muy atras)

Lugar: Jr. Tarapaca - Huanta - Ayacucho











Atrás quedo la idea de llenarse la cabeza de flores, mezclando con tantos sabores como los que se era posible; invadirse en los propios territorios del miedo y conquistar a exacto movimiento de ceja la capacidad de reirse sin tener que dejar de lado el estrecho sentimiento de saber lo que se estaba haciendo. Atrás quedo la idea se soportar en los hombros tanta carga que el sentido común critica a bozarrones, contradecirse con las propias palabras sumergiendose en profundas aguas siniestras de errores (de amores y desamores); contemplando el horizonte con los ojos revueltos e ilusos encaminados en la simple linea recta imaginaria que era la misma soledad disfrazada de verguenza. Atrás quedo la dulce sensación de saberse a ciencia cierta que por mas que uno se embarre los zapatos o se moje la camisa en el camino de regreso, no sintio al lado derecho de las costillas, el calor de otras costillas, el olor de otro olor; olvidarse de la imagen irresoluta de aquel muchacho que esboza una simple sonrisa porque se recordó de otra sonrisa. Atrás se quedo la simple idea de vivir pensandose ser felíz. Atrás quedo. Muy Atrás.


Aldo Bendezú I.

21.5.07

Concepto de amor (asi de simple)


"Concepto de amor"

Lugar: Tocasquesera - Huanta - Ayacucho
El se sento apoyado en la pared respirando hondo,
Ella encendio un cigarrillo mirando la luna,
El se percato en ciertas estrellas complices de la noche,
Ella bajo la mirada formando siluetas con el humo entre sus manos,
El se pregunto en que momento se perdio en el mundo,
Ella se rio de lado como burlandose de todo,
El dibujo un circulo en el suelo con el dedo indice,
Ella puso su frente sobre sus rodillas,
El se puso a silvar una antigua melodia, muy antigua,
Ella cerro los ojos tan fuerte como pudo,
El queria creer que todo no esta perdido,
Ella dio otra pitada, en verdad, sin querer hacerlo,
El volteo la cabeza y la miro fijamente,
Ella sintio que los ojos de el se clavaban en su frente,
El volvio a respirar hondo,
Ella empezo a jugar con sus manos,
El le dijo que la amaba,
Ella le dijo que ella no.
Asi de simple.
Aldo Bendezú I.

19.5.07

Linea (con fin)


"Linea (con fin)"

Lugar: Huanta - Ayacucho















La colilla del cigarro se empequeñese a cada pitada y es como si controlara si aun tengo vida en el alma. Puede parecer extraño, pero este cigarro se conecta turbiamente con mi estado de animo, entonces, si me rio, el fulgor de su luz se enciende tan brillosa y muy al contrario, si mis dudas vuelven presurozas, se tiene la sensación de tener el tabaco intacto, sin humo, sin vida, sin vida en el alma. Yo nunca fumo, o bueno, casi nunca. Son testigos mis manos, alguna que otra estrella y las lineas grises de las aceras. Pero cuando lo hago. Si. Cuando lo hago, mis ojos se hacen rojo, mis parpados se hacen candado, mis pies se tuercen pero nunca se a que lado. El humo que sale de mi boca en una expiracion compacta y se pasea por mi rostro y en su paso me enseña parques solitarios, voces sin sentido, sombras que se esfuman como llegaron. Y ese desesperante placer de mover el dedo indice golpeando aquel delgado cuerpo de papel blanco relleno de tan cancerigeno elemento. Monotono. Demasiado monotono. Casi nunca fumo, pero cuando lo hago, el mundo me recuerda que estoy solo, y a cada pitada siento en los dedos como se va la vida, la vida de mi alma. La corta vida de mi alma.


Aldo Bendezú I.

6.5.07

Imagina (Imaginacion sin remedio)



"Imagina"

Lugar: Huanta - Ayacucho
(camino a Ayacucho)










Que se puede contestar cuando a uno le preguntan si esta bien?. Pues nada. O casi nada. No se contesta nada. Y no por que la pregunta intente ser lo menos superficial , lo cual es casi imposible. O por que es lo que se pregunta cuando en realidad no se tiene nada que preguntar. Pero igual, da lo mismo, y das una respuesta que complace a la parte interrogante. Que se yo, estoy muy bien, estoy mejor, estoy mucho mejor, ahora estoy mejor que antes, ahora estoy menos peor, ahora estoy peor. Que se yo, son tantas respuestas. Y el remolino de ideas empieza una vez que vuelves a echar a andar los pies, conjeturando, afirmando, negando, eliminando, creando, volviendo a eliminar. Y todo es parte del preguntarse a si mismo si en verdad esta bien o esta mal. Conceptos tan subjetivos. Hoy me levante con el dolor en la espalda como siempre. Estuve mal. Me bañe con agua tan fresca que saque la modorra matinal infaltable. Estuve bien. Llegue al trabajo y el jefe me dijo todo lo contrario a lo que yo pensaba. Me sentí mal. Salí al parque y compre un chocolate. Me sentí bien. Pero que te puedes contestar a ti mismo en la soledad de tu cuarto con el café frío en la mesa del televisor, mirando en el espejo tu rostro hueco sospechando que el día acaba por el silencio que tiene la luna, por lo gracioso que tiemblan tus brazos por el cansancio menor. Como puedes preguntar si estas bien o mal, si cuando cierras los ojos tratas de imaginar que estas en otro lugar.

23.4.07

Cae



"Cae"

Lugar: Huamanga - Ayacucho














Cae el ultimo soplo de aliento por entre mis labios, y se destruye la imagen del cuento de angeles, demonios y seres ambigüos, esos de los que hay por todas partes. Por todas partes. La piedad es una ramera que se acuesta en la vereda de enfrente mirandome sin quejar, demostrandome que puede reir sin dejar de respirar. Mientras la soledad clava sus uñas en mi espalda, recordandome que un dia la vida dejará de pasar, como dejo de pasar la luz por aca, por estosa lares. Es facil ser pesismista. Solo tienes que tomar café. Encender un cigarro y tararear alguna cancion sin sentido, mientras haces memoria y piensas porque las palabras no son suficientes para describir el color de un destino hueco. Es facil ser pesimista. Solo tienes que contar estrellas, cada una con su historia de nostalgia. Con su silencio de salida de emergencia. Que le puedo decir. Hoy me siento triste. Hoy tomé café. Hoy prendí un cigarrillo. Hoy tararee una cancion sin sentido. Y hasta las ganas de contar estrellas se esfumaron por entre las tejas rojas perdiendose en algun pensamiento podrido. Lo sé. Claro que lo sé. Hoy me siento triste. Y se tambien que el mundo se caera. En algun momento se caerá. Como se cae este ultimo soplo de mi aliento sin mas reconocimiento que el que le da este frio intenso.
Aldo Bendezú I.

17.4.07

Despacio




"Despacio"

Lugar: Huamanga - Ayacucho















Termine de amarrarme las agujetas del zapato izquierdo, sentado sobre la vereda sin tener que pensar en el que pasara. Esta tarde tiene color a maiz seco y me parece gracioso imaginar en un color peor. No miro al cielo porque me parece infame mirar al infinito sin saber de que punto partir. Entonces miro al suelo. Triste suelo. Aquel que contrasta con mis agujetas del zapato derecho y que estan punto de desenredarse por simple irreverencia con el mundo rodante. En esta tarde color maiz seco. Las irreverencias estan a la orden del dia. El sol contamina. Mis ojos destruyen sonidos que se suspenden con intriga. Mi aliento se derrama, e inunda el pavimento con historias calladas, risas paganas. Triste suelo. En la espalda llevo una carga que irradia razones de suicidos no culminados y sueños de caminos iluminados. ¿Donde esta? ¿Donde esta?. Esa pregunta que se hincha como un globo, y explota en el centro de mis ojos. ¿Donde esta?. ¿Donde esta?. Miro a todos lados girando la cabeza barriendo angulos sin norte. ¿Donde se metieron mis ganas de seguir caminando?. Sera que perdi las ganas. Sera que no tengo sombra. Sera que me adelante demasiado, y lucha por alcanzarme. Pero entonces se que viene despacio.
Aldo Bendezú I.

14.4.07

Niña



"Niña"

Lugar: Huamanga - Ayacucho











"Mamá, que pasará despues de que nos moramos?". "Pues nada. solo morimos". Y me dio tanto miedo. Un frio de huesos. Un soplo helado en la nuca. Sujete la bolsa de canicas con mas fuerza que de costumbre y entendi, en verdad, que es este mundo. Y esas ganas de tomar un costal y llenarlo de todo lo que uno mas quiere. Uno no quiere perder nada. No quiere perder el sabor del cafe de por la mañana. No quiere perder el olor del perfume de alguien por quien daria la vida. No quiere perder el color del zapato embarrado de tanto caminar abstraido. No quiere perder las ganas de reir contagiado al ver un niño sonreir, asi de por si. Espontaneamente. Uno no quiere perder nada. En retrospectiva. Puedo verme sentado contando los dedos de la mano de mi padre, siempre tan grandes. con su reloj inmenso. Puedo verme renegando porque la abuela me pidio que le ayude a pelar la habas para el almuerzo, ese que demora un siglo en cocinarse, y yo que esperaba algun descuido para poder escapar. Y nunca lo hice. Puedo verme maldiciendo el mundo dentro mi cuarto porque a veces las cosas no salen como uno quiere, o porque simplemente mis padres no quieren, lo que de primero. Puedo verme como aquel niño que penso que en algun momento el mundo no daria tantas vueltas. Tantas vueltas...Pero. Uno no quiere perder nada. Nada. Entonces lo unico que me queda es tomar el costal de mi memoria y llenarlo con todo lo que pueda. Aunque mi madre dijo que siempre soy y sere un tonto distraido.
Aldo Bendezú I.

25.3.07

Derrota






"Derrota"

Lugar: Huanta - Ayacucho

Faltan cinco minutos para las ocho de la mañana, el minutero me indica a gritos que llegare tarde a la oficina. Una vez mas. Tarde. Pero no encuentro la camisa, la celeste, la de cuadros. He buscado en el ropero por mas de diez minutos o tres siglos, da lo mismo. Pero no encuentro la maldita camisa. A estas alturas, mi ropa es un apilado de trapos encima de la cama. Una mezcla de colores rojos, verdes y azules que contratastan en mi habitación. Donde diablos esta la maldita camisa. No me puedo poner otra. Tiene que ser esa. La celeste. La de cuadros. No sera un intento fallido. Entonces me suspendo por encima del ropero. Me arrodillo por debajo de la cama. Quizas este por entre las ropas que suelo tirar al suelo cuando vuelvo tarde y mis ojos solo descifran la distancia que hay entre la puerta y el cubrecama. Diablos. La maldita camisa. Y otra vez el minutero me jala de la oreja señalandome que faltan tres minutos para que el mundo comience a andar. Las demas camisas me miran celosas. Pero donde esta. Diablos. Quizas me ponga la azul. Esa que casi nunca uso. Diablos, quizas deba ser asi. No puedes tener todo en este mundo Aldo. No puedes tener esa camisa celeste. A cuadros. No podras sentarte en tu escritorio jugando con el boton blanco. No podras echar el mundo a andar. No podras reir recordando como compraste esa camisa. No podras imaginar el olor que alguna vez tuvo. En verdad no podras. No podre llegar a mi cuarto a media noche despues de caminar por la ciudad envuelto en una burbuja, girar el cerrojo, quitarme la camisa. La celeste. La de cuadros. Y arrojarla al suelo marcando en el calendario de mi vida que es un viernes. Que una semana mas acabo. No podre. Sera una batalla perdida. Sera una triste derrota.

Aldo Bendezú I.

11.3.07

Calma


"Calma"
Lugar: Huanta - Ayacucho

1.3.07

Mi Ventana (Viaje de Regreso)




"Sin horizonte"

Lugar: Viaje Lima - Ayacucho











Que sensación tan grande es ver a travez de la ventana, rascandome la ceja, sujentando la botella de agua. Como un simple mortal. Con una sonrisa. Sospenchando que en algun lugar remoto una mariposa vuela con un ritmo espeluznante provocando el efecto multiplicador que lleva su mismo nombre. Imaginando que alla, a lo lejos, un niño se sienta en un ladrillo viejo contando piedras o formando caminos increibles para el carro de madera con llantas de chapa de botella. Que sensación tan grande es ver a travez de la ventana, comiendo el infaltable chocolate, acomodando el pie izquierdo por que el asiento es angosto y las manias son inmensas, como un dios pagano, sin balsamo, sin ofrendas. Dibujando en la memoria la caida de una mirada, incredulo. O tal vez creyendo, que en realidad todo fue cierto o quizas un mero cuento chino. Recreando con la vista formas de sueños ya antiguos, que irremediablemente se cobijan en mi sien, provocan desconcierto y se alejan, felices y en carcajadas. Que sensacion es ver a travez de la ventana. Ver batallas perdidas, mundos hermosos, nubes miles, perros roñosos, mujeres suicidas. Si alguna vez siento que tengo los zapatos alrevez, que mis ojos miran tanto rojo, y que mi corazón late por mero compromiso primario; entonces quizás solo deba voltear cabeza y ver el pequeño recuadro al costado de mi hombro. Me sentire mejor. Lo sé.
Aldo Bendezú I.






"Arcoiris (mundo de chocolate)"

Lugar: Viaje Lima - Ayacucho













"Atras"

Lugar: Viaje Lima - Ayacucho

18.2.07

Calida Muerte



"Cálida Muerte"

Lugar: Huancayocc - Huanta - Ayacucho


Atrás quedo mi silencio,
con su olor a madera seca,
con su forma redonda y negra,
con su sabor agreste.
Ahora me espera la muerte,
una cálida muerte,
con su cobija de lana,
con un café en acorde do menor,
con lluvia, fuego, infierno.

Atrás quedo mi tristeza,
con tapa azul de melancolía,
con sonido grave de acordeón,
con aquel pesado y tonto corazón.
Ahora me espera la muerte,
una calida muerte,
con su rostro hueco,
con aliento a barro de campo,
con lluvia, fuego, infierno.

Esta cálida muerte,
me espera ansiosa,
y ya desea matarme,
pero se oculta, se oculta,
como cuando de niño,
ccultaba en mi puño cerrado,
y bajo la mesa,
un chocolate,
mientras mi madre luchaba,
incansablemente por hacerme comer,
en realidad nunca se daría cuenta,
Nunca.

Solo me queda disfrutar
de esta muerte
de esta cálida muerte
que me abraza
y me acompañará
para siempre.

Aldo Bendezú I.

14.1.07

Un mundo (para jugar)




"Un Mundo (para jugar)"
Lugar: San Jose de Cecce - Huanta - Ayacucho


Mis manos están frías. Mi cara también. Creo que son las cuatro de la mañana y mi madre a mi lado izquierdo duerme como una roca. Veo la ventana con su luz opaca y pienso que hay un mundo allá afuera, con gotas de lluvia mojándome la cara, mientras extiendo los brazos e intento atraparlas con la palma de mis manos, pero muchas veces no puedo porque papá corre demasiado a prisa, y mientras me carga, me tapa con una manta y entonces las gotas se hacen inalcanzables. Ahora me sobo los ojos y me siento sobre la sabana, sujetándome las piernas. Mi padre a mi lado derecho, ronca de una manera casi melódica y graciosa. Veo la luz que escapa por debajo de la puerta y me gusta pensar que hay un mundo allá afuera. Con hormigas en el piso de las veredas que puedo sujetar con los dedos, hacerlas tropezar con piedritas o ponerlas en la punta de mis zapatos, pero casi nunca puedo porque mamá me levanta con cara de espanto cuando baja la mirada después de haber esperado el vuelto por unos caramelos. En verdad me gusta pensar que hay un mundo allá afuera, que es más que esta babucha, que este oso marrón, que este cuarto azul. Casi siempre me levanto a las cuatro de la mañana. A razón de que? No lo se. Quizás sea porque pienso que el día se hace esperar demasiado o tal vez sea por el miedo a perder mas el tiempo. Y me desespero. Y entre tanto silencio escucho un grillo desafinado y terco. En verdad me gusta pensar que hay todo un mundo allá afuera. Con colas de perro por jalar, con plumones de colores por gastar, con juguetes grandes y chicos por romper. Son casi las cinco de la mañana, papá y mamá siguen durmiendo, y la única forma de hacerlos despertar es poniéndome a llorar. Que más da.
Aldo Bendezu I

Clausura del Tiempo



"Clausura del Tiempo"

Lugar: Chula - Huanta - Ayacucho.














“Se cierra una puerta, pero se abre otra”, reza el refrán que una vez, recuerdo lejanamente, citó mi abuelo para calmar una desventura laboral de aquel entonces imberbe tío mío. Y mi madre y yo escuchábamos mientras cenábamos y la lucha por enfriar la sopa que nos había servido la abuela se hacia un reto de siempre. No se si fue como lo dijo mi abuelo o por la forma en que mi tío compuso una cara de tranquilidad mirando fijamente el azucarero con los ojos perdidos y la frente fruncida, como si en ese momento decidiera que haría con su vida, y hasta se podría pensar que solo basto un segundo para cambiar el giro antihorario de su aun corta existencia. “Se cierra una puerta, pero se abre otra”. No se me olvida. Nunca. Jamás. Y aunque ahora a mis veintitantos años, mi abuelo con setenta y pico y la sopa tibia. Pienso en las puertas que se cerraron en mis narices, las que se abrieron de par en par, las que se están por abrir, las que se están por cerrar. Como un sueño desprendido. Como una idea voraz. Viene a mi. Quizás sea de forma física y a la vez metafórica cuando digo que tengo dos llaves. El bolsillo derecho, además de tener restos de pan y el lapicero azul de siempre, también esconde mis dos llaves, y pienso en ellas cuando me encuentro frente a una puerta por que creo que puedo abrirlo todo. Pero no siempre es así. Y cuando la cerradura me niega el paso, bajo la mirada al mismo instante en que mis manos se convierten en puños de rabia y observo como mis pies refunfuñan hasta pelearse entre si. Pero hay otras veces en que las bisagras sonríen y giran sin protesta alguna. Entonces entro. Pero igual… la sopa ya esta fría.
Aldo Bendezú I.

4.1.07

Abuelo



"Abuelo"

Lugar: Cementerio. Huanta.

Caida


"Caida"
Lugar: Huacayocc - Huanta - Ayacucho

21.12.06

Dulce


"Dulce"

Lugar: Cuarto en Huamanga - Ayacucho

Fecha: Diciembre 06














Si me preguntas donde estoy, no sabria responderte. Pues lo unico que veo son cuatro paredes. un techo. dos puertas. seis cajas. un televisor. ocho libros. cinco pares de zapatos. una taza de café. Pero en verdad no se donde estoy. Aun tengo la camisa empapada de lluvia y el pantalon hecho un estropajo. Pero no me preguntes donde estoy. por favor. En mis manos guardo el olor a nube de verano, sabor a dulce de otoño, color a miedo de invierno, y de la primavera solo queda una aspereza sin remedio. Alla afuera escucho gente hablar. Aca adentro el silencio tose con dolor. Pero en verdad no se donde estoy. Miles de mapas con sus lineas se atraviezan imaginarias en el piso. Se cruzan y desaparecen antes que las entienda. y me doy cuenta de lo cuan perdido que estoy. Cuatro puntos cardinales. Millones de sitios probables. Pero no se donde estoy. Es un cuarto. cuatro paredes. un techo. y la taza de cafe. Habra que empezar a pensar a donde ir.
Aldo Bendezú I.

8.12.06

Espera


Espera

Lugar: Plaza Francia

7.12.06

Don Jose



Buenos dias Don José!, si soy yo, abriendo los ojos, un nuevo dia que le dicen. Termino de asearme, viendo en el espejo al tipo de todos los dias. Si, soy yo, no hay duda. Me termino de atar los zapatos, y no olvido el ultimo boton de la camisa. Salgo a la calle, en esta ciudad de madera, quizas compre pan, es buena idea. ¡Buenos dias Don José!, me da dos panes y poco de café. Debo apurarme, el trabajo, usted sabe. me espera y me hago tarde. A dos cuadras, no dejaré de saludar al vigilante de la esquina, siempre tan serio, siempre tan cansado. ¡Buenos dias, Don José!. Sigo el camino, en verdad nada me distrae, solo me llama la atención de un niño jugando con su perro mientras su madre lucha incansablemente por terminar de peinarlo. Seguro se hara tarde. Respiro hondo. Veo tanta gente. La avenida como un rio. ¡Buenos dias, Don José!. Total, son solo seis cuadras. Las piernas se acostumbran. Veo que todos caminan rapido. Que sus sombras hablan entre si. No dicen nada, pero hablan entre si. Es un dia frio. Llego a la oficina. ¡Buenos dias, Don José!. Saludo a todos. ¡Buenos dias, Don José!. Necesitas estar bien con todos. Todos, menos contigo mismo. ¡Buenos dias, Don José!. ¡Buenos tardes, Don José!. Y pasa el dia. Un dia largo. ¡Buenos noches, Don José!. Y en el ultimo segundo del ultimo minuto antes de cerrar los ojos me pregunto. ¿Quien es Don José?.